martes, 31 de agosto de 2010

Fugaces Perspectivas

 Un comienzo tranquilo.

Si algo permite a este texto ser posible, sin duda alguna sería la diversidad de formas en las que se manifiesta una actitud. No caer siempre en una reacción, sino en alternativas que nos ayudan a comprender lo infinito y enigmático, pero aun así posiblemente deducible, que resulta nuestra persona en sus más complejas formas. Tanto es así de manera que no podemos afirmar qué tan innato es el concepto del bien y el mal, qué tan veraz es la afirmación de que las variaciones anímicas afectan el estado físico y lo hacen propenso a enfermedades, y cantidades de otras premisas que si nos ponemos a enumerar serían interminables, aun así, cuestionables. Paréntesis aquí, debo estar de acuerdo con un apartado de John Locke en su libro "Ensayo sobre el entendimiento humano" donde con otras palabras expresa que si una idea tuviese carácter de innato o cuestionable, no habría porque, justamente, buscarle su contrariedad, es decir, cuestionarlo, sin en definitiva debería ser innato e igual para todos.

No obstante a todo esto, la mente humana continuamente expulsa actitudes (refiriéndome no solo para con el otro sino con uno mismo) que dependiendo la situación es interpretado de diversas maneras por otro, a veces difiriendo del concepto real del mismo. Esto es así por motivos que explicaré y ejemplificaré en el siguiente apartado (La inconsciente dependencia) que no voy a repetir aquí; sin embargo, me llevan a pensar y realizar una fortuita idea y reflexión que nace gracias a una situación de la índole que pasaré a transcribir sin más, previamente agradecido por la inspiración.

El hecho es que aquel día pensaba, y veía; veía fotos en donde observaba rostros, gestos, miradas... analizaba posturas, desfigurando así palabras y pensamientos relativos a esas imágenes. Trataba de dilucidar y así imaginarme a través de ese estatismo, qué representaban, cuál era el significado y la actitud tomada de aquellas interminablemente distintas representaciones en las fotos; ojos entrecerrados, dedos firmes y contraídos, ceño fruncido, sonrisas que se asomaban tímidamente y otras que se extendían a punto de carcajada, que sin motivo aparente hasta nos hace sonreír a nosotros. Incontables veces nos hemos contagiado de aquellos sentimientos estáticos, sin saber por qué; tanto así nos vemos tocados, si así puede llamársele a tal reacción, por una simple imagen. Casos no faltan tampoco al hecho de sentirse identificados de tal manera que no sólo nos produzca un sentimiento relativo al momento, sino que también trastorne nuestro estado anímico. Tan diverso es en consecuencia, como dije en un principio, el hecho de que una imagen con diferentes individuos en ella, nos genere una variedad de significados y posibles actitudes de los mismos (utilizar la palabra individuo encuadra perfectamente en la explicación para diferenciarnos de los demás como únicos).
Ese poder de comprensión que hemos desarrollado en común (no la comprensión individual sino la capacidad de comprender), propio, y así catalogarnos como únicos, nos permite, atento a esto, creer comprender, en otro nivel a la comprensión sobre qué es una actitud y un sentimiento, y poder así imaginar y sentir lo que el otro siente, transportándonos al lugar físico y psicológico (anímico) con solo ver su imagen.
Es, de una hermosa manera, altamente motivador tener la intuición, la expectativa de barajar la posibilidad, y consecuentemente la satisfacción de creer saber qué es lo que el otro está pensando y sintiendo en ese único momento, cuando el universo se detiene para dejar por siempre inmortalizado ese lugar donde aquella gente asienta su presencia, y donde no sólo queda un recuerdo de los años, sino un sentimiento, un movimiento espiritual de la vida de cada uno que comparte con todos para que lo sintamos de la misma manera quizás que aquel protagonista, el cual plasma una ola avasallante de alegría, ira, felicidad, tristeza, comprensión, picardía, dulzura o cualquier otra actitud del millar sobre nosotros, aun sin saberlo.

Solamente son pensamientos, fugaces perspectivas que a uno le vienen en mente ocasional y fortuitamente en momentos de paz; no podemos tener la certeza si realmente nuestra interpretación es la misma que oculta esa imagen, pero no deja de ser gratificante aunque sea, percibir un dejo de sentimientos sobre ellas.
Esa magia del ser humano, de sentir, independientemente de nuestro ser, lo que el otro siente; esa humanidad que nos caracteriza, esa elocuencia que tienen las imágenes, fotos, en diversas ocasiones, a veces le dan a uno ganas e inspiración de salir a que el sol te pegue sobre el rostro o a que la lluvia empape tus ropas; que el viento te vuele el cabello, que tomes un gran suspiro alzando los brazos extendidos, cerrando los ojos, y sonriendo.

Jul

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